Ercilla
Doña Bárbara. Libro rescatado del incendio
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Título: Doña Bárbara
Autor: Rómulo Gallegos
Editorial: Ercilla
ISBN: N/A
Año de publicación: 1984
13 x 17 cm
207 páginas
Descripción:
Ejemplar único. Libro rescatado del incendio que recientemente sufrimos en nuestro local y que significó la pérdida del 95 % de nuestro catálogo. Con tu compra nos ayudas a salir adelante.
En perfectas condiciones. Sin marcas del incendio
"Una obra de la literatura costumbrista hispanoamericana ⸺basada en hechos reales⸺ que ha trascendido a las épocas y la idiosincrasia de toda una gran región de la América del Sur.
“…La primera víctima de esta horrible mezcla de pasiones fue Lorenzo Barquero… a tiempo que en el Llano estallaba la discordia entre Luzardos y Barqueros… Ni aun la maternidad aplacó el rencor de la devoradora de hombres; por lo contrario, se le exasperó más: un hijo en sus entrañas era para ella una victoria del macho, una nueva violencia sufrida, y bajo el imperio de este sentimiento concibió y dio a luz una niña, que otros pechos tuvieron que amamantar, porque no quiso ni verla siquiera… de allí surgía ahora una nueva Marisela, deslumbrada por el hallazgo de sí misma, con la divina luz de la bondad en el rostro y con la suavidad de la ternura en las manos que habían acariciado, por primera vez con verdadero amor filial, la frente atormentada del padre.”
“…En Altamira había podido vivir con la risa en el rostro y una copla en los labios a toda hora, indiferente ante el espectáculo de aquella repugnante y dolorosa miseria física y moral, ajena a las tormentas de aquel espíritu... Este mundo, que era su propio corazón ilusionado, fue Santos quien se lo mostró y solo él lo llenaba. Él le quitó con sus manos la mugre del rostro, con sus palabras le reveló la propia belleza ignorada, con sus lecciones y consejos le desbastó de la rustiquez y la hizo adquirir buenos modales y hábitos y gustos de un espíritu fino; pero, en el fondo de esta gruta resplandeciente que era su corazón dichoso, se había quedado en tinieblas un pequeño rincón; la fuente de la ternura, y se había quedado en tinieblas porque solo el dolor podía revelárselo.”
“…Por el Arauca correría su nombre envuelto en la aureola roja que le daba la muerte del temible espaldero de doña Bárbara, y de allí en adelante toda su vida quedaba comprometida con esa gloria, porque la barbarie no perdona a quien intenta dominarla adaptándose a sus procedimientos…”
“…La primera víctima de esta horrible mezcla de pasiones fue Lorenzo Barquero… a tiempo que en el Llano estallaba la discordia entre Luzardos y Barqueros… Ni aun la maternidad aplacó el rencor de la devoradora de hombres; por lo contrario, se le exasperó más: un hijo en sus entrañas era para ella una victoria del macho, una nueva violencia sufrida, y bajo el imperio de este sentimiento concibió y dio a luz una niña, que otros pechos tuvieron que amamantar, porque no quiso ni verla siquiera… de allí surgía ahora una nueva Marisela, deslumbrada por el hallazgo de sí misma, con la divina luz de la bondad en el rostro y con la suavidad de la ternura en las manos que habían acariciado, por primera vez con verdadero amor filial, la frente atormentada del padre.”
“…En Altamira había podido vivir con la risa en el rostro y una copla en los labios a toda hora, indiferente ante el espectáculo de aquella repugnante y dolorosa miseria física y moral, ajena a las tormentas de aquel espíritu... Este mundo, que era su propio corazón ilusionado, fue Santos quien se lo mostró y solo él lo llenaba. Él le quitó con sus manos la mugre del rostro, con sus palabras le reveló la propia belleza ignorada, con sus lecciones y consejos le desbastó de la rustiquez y la hizo adquirir buenos modales y hábitos y gustos de un espíritu fino; pero, en el fondo de esta gruta resplandeciente que era su corazón dichoso, se había quedado en tinieblas un pequeño rincón; la fuente de la ternura, y se había quedado en tinieblas porque solo el dolor podía revelárselo.”
“…Por el Arauca correría su nombre envuelto en la aureola roja que le daba la muerte del temible espaldero de doña Bárbara, y de allí en adelante toda su vida quedaba comprometida con esa gloria, porque la barbarie no perdona a quien intenta dominarla adaptándose a sus procedimientos…”